Ximena lleva más de quince años siendo una de las caras más reconocidas de la cocina en la televisión argentina. Cocinera, comunicadora y empresaria gastronómica, construyó una carrera poco convencional, en la que logró unir dos pasiones que la acompañaban desde muy joven: la gastronomía y el mundo audiovisual.
Nació y creció en Monte Grande, en el sur del conurbano bonaerense. Allí transcurrieron sus primeros años, entre las recetas familiares, la cocina de su mamá y el asado ritual de los domingos preparado por su padre. Estudió la carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, mientras avanzaba en esa formación sentía que faltaba algo por eso se decidió y también estudió, paralelamente, cocina en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG).
Durante varios años alternó trabajos en publicidad y producción audiovisual con sus primeras experiencias en cocinas profesionales. Esa búsqueda encontró finalmente un punto de equilibrio cuando ingresó a Cocineros Argentinos, el programa de la Televisión Pública que comenzó en 2009 y marcó un antes y un después en la forma de comunicar la gastronomía en la televisión abierta. Allí permaneció durante catorce años, primero viajando por todo el país para descubrir recetas, productos, productores y cocinas regionales, y luego como una de las cocineras y co-conductoras más queridas del ciclo.
Su recorrido en los medios continuó con participaciones en algunos de los programas gastronómicos más importantes de la televisión argentina. Trabajó junto a Choly Berreteaga en Utilísima —una experiencia que recuerda con especial emoción porque era una de las cocineras que admiraba desde niña—, formó parte del programa Tu vida más simple, conducido por Narda Lepes, fue jurado en El Gran Premio de la Cocina por Canal 13 y condujo ciclos en el canal El Gourmet como Brunch y Meriendas de Buenos Aires.
Actualmente prepara el estreno de una nueva serie dedicada a las tartas, que verá la luz en octubre de 2026, además de desarrollar contenidos digitales como Viernes de Copetín para Youtube.
Además, publicó cuatro libros. Junto al equipo de Cocineros Argentinos editó Todos somos Cocineros Argentinos y La cocina de todos los días. Luego llegaron dos obras personales: La hora del té (Editorial Periplo) y Apuntes de Cocina (Editorial Planeta), donde comparte recetas, historias y una mirada propia sobre el universo gastronómico.
En los últimos años inició una nueva etapa profesional como empresaria. En febrero de 2022 abrió Casa Saénz, su primer restaurante en el barrio de Belgrano. Un año y medio más tarde inauguró una segunda sede cerca al Jardín Botánico, en Palermo, y actualmente ultima los detalles para abrir un tercer local en Villa Devoto. El proyecto, desarrollado junto al Grupo Jaka, propone una cocina inspirada en los sabores argentinos, el trabajo con pequeños productores y el horno de barro como corazón de cada restaurante, una forma de homenajear las cocciones tradicionales presentes en todas las regiones del país.
Más allá de la cocina y los medios, Ximena continúa formándose. Actualmente cursa un máster en pastelería y se interesa especialmente por las herramientas de liderazgo, convencida de que dirigir equipos también es una habilidad que se aprende. Madre de dos hijas, combina la gestión de sus restaurantes con la creación de contenidos y una filosofía que atraviesa toda su carrera: entender la cocina como un acto de cuidado y hospitalidad.
¿Cómo fue que decidiste a estudiar dos carreras?
Bueno, en realidad, a mí me gustaba mucho cocinar cuando era chica, y todo el mundo asumía iba a ser cocinera, porque yo cocinaba mucho todo el día. Pero, obviamente, por mandato familiar, creo que no me resultaba del todo serio. Mis papás no habían ido a la universidad, entonces querían que nosotros estudiáramos. Así que ahí yo dije: voy a estudiar otra cosa. Hice orientación vocacional y me decidí por estudiar Diseño de imagen y sonido en la UBA, porque a mí me gustaba mucho lo artístico y tenía muchas ganas de ir a la Universidad de Buenos Aires.
Pero me faltaba la parte de cocina, entonces, ahí hago 1 o 2 años de la carrera de Imagen y Sonido, y me sentía muy angustiada, que me faltaba algo. Me acuerdo que estábamos en un bar con una amiga y un día llorando en la vereda le digo: no se qué quiero hacer y mi amiga me dice: ¿a vos qué te gusta ?, y yo: a mi me gusta cocinar !. Entonces me anoté en cocina también. Me acuerdo estar en la primera clase de cocina sintiendo que cae un haz de luz sobre mi y diciendo era esto ! Entonces, me copé con la cocina, empecé a trabajar, y, pero claro, me gustaban las dos cosas, o sea, terminé las dos carreras, trabajaba de las dos cosas, intermitentemente, porque yo trabajaba en el mundo de la publicidad. Y, a la vez, dejaba un tiempo de trabajar en eso, y me metía a trabajar en una cocina. Y siempre cuando estaba en un lugar, sentía que me faltaba lo otro. Entonces, pensaba que lo que iba a combinar bien era hacer televisión. Yo decía: si hago televisión, voy a tener las dos partes. Y me imaginaba trabajando en producción de un programa de cocina. Nunca se me había ocurrido estar delante de cámara. Y un día me llama el productor de Cocineros, que estaban haciendo un casting para cocineros jóvenes que viajan por el país. Y me cuenta que se iba a viajar y que por ejemplo se iban a un campo de quinua y cocinan con quinua. Y me acuerdo que dije: nunca voy a poder hacer esto si no lo hago de esta manera. Entonces, fui al casting y quedé, y ahí me di cuenta que estaba juntando las dos carreras.
¿En ese momento, hace casi 20 años, no eran tan valorados los estudios o capacitaciones profesionales en cocina?
Claro, yo creo que por eso en mi casa mi papá estaba un poco preocupado cuando yo quise estudiar cocina, porque mi papá decía: “pero ¿de qué vas a vivir?”. Yo lo entiendo también. Pero ahora pienso que si yo hoy hubiera querido juntar las dos cosas hubiera sido influencer. Ahora los chicos enseguida hacen un video de cocina. En la época que a mí me pasaba eso, no podías hacer un video en tu casa de cocina, porque tenías que tener mucho equipamiento. Tenías que tener cámara, tenías que tener una isla de edición.
¿Dónde estudiaste cocina?
En el Instituto Argentino de Gastronomía y ahí enseguida empecé a trabajar, porque había que hacer pasantías, que me parece que eran obligatorias, entonces, ahí mi primera pasantía la hice en un hotel en el centro, y después me quedé trabajando ahí.
¿Y cómo fueron esas primeras experiencias laborales en cocina?
Era bastante contenida esa primera cocina donde estuve, porque era un hotel en el centro de 4 estrellas, pero chico, y el equipo de cocina era reducido y liderado por una mujer, que no es menor. Se llamaba Verónica Marguerit, yo me sentía muy tranquila, porque como era una jefa mujer me daba cierta tranquilidad, y había, de hecho, pocos hombres en el equipo. Entonces, fue una experiencia bastante amortiguada. Porque aparte era de día, yo siempre fui muy diurna, era un trabajo en el que hacíamos el desayuno y el almuerzo. Aún así, tenía una cuota de realidad importante, porque era trabajar en una cocina, con todo lo que eso implica: como que la cocina tiene eso un poco brusco, yo venía a un mundo más artístico. Sí, fue un shock.
Después cociné en otra cocina, que ya era un lugar más de noche, jefe de cocina hombre y todo eso, era todo mucho más machista, y yo tenía que aprender a desarrollar herramientas para no ser tan sensible ahí adentro, porque, si no, lo hubiera pasado mal. Pero las pude desarrollar con humor, con esto, con lo otro, subsistí.
¿Hoy cómo evalúas todas esas primeras experiencias laborales?
Todo lo que hice me sirvió, así como dice Steve Jobs en ese discurso tan famoso de unir los puntos. Yo siento que todo lo que hice en la vida desde estudiar una cosa, trabajar de otra. Todo me sirvió, porque siento que al día de hoy aplico mucho de esos conocimientos. Y también siempre lo veo con los chicos que trabajan acá: no todo es color de rosa y que uno a veces atraviesa situaciones difíciles, pero que te fortalecen mucho.
¿Y en esta nueva faceta de empresaria, dueña y chef de tu propio restaurante, cómo te sentís?
Tiene muchos desafíos también, porque hay que aprender muchas cosas. Por supuesto que no la hago sola.. Me animé porque lo hago con socios, el Grupo Jaka, ellos son empresarios gastronómicos, tienen otros negocios, entonces, tienen una estructura que a mí me permitió animarme a hacer algo así. Fue un buen complemento. Yo traía lo mío, que tiene que ver más con el conocimiento de cocina, las recetas, pero presenta muchos desafíos, porque tengo que aprender cosas nuevas, herramientas de liderazgo que yo no tenía, inclusive, cosas de negocio que yo no conocía, que de a poquito, después de varios años voy comprendiendo.
¿Cuáles son tus dinámicas laborales y responsabilidades en los restaurantes?
Armo el menú, toda la comunicación también, en conjunto con Grupo Jaka, qué es lo que queremos comunicar como un concepto, que no es solo el menú, sino que tiene que ver con dar a conocer los productos de Argentina a través de nuestra carta. Entonces, contactamos pequeños productores, los traemos acá. En general estoy siempre en contacto con el personal, tratando de elegir a las piezas más importantes del equipo. Tenemos reuniones todas las semanas para ir viendo cómo va, la ejecución de un plato no es hacer la receta y ya está, sino que es todos los días, un día la cebolla se doró un poquito más y ya es otro sabor. Entonces, hay que tratar de acompañar de a poco. Así que es acompañar a los equipos, tanto de salón como de cocina, para llegar al objetivo. Estar, me encanta estar lo más que puedo.
¿Te gusta trabajar con mujeres en este rubro?
Me encanta pero obviamente, no son todas mujeres, hay muchos hombres. De hecho, en este momento la líder de pastelería sí es mujer, los líderes de cocina son hombres, pero las gerentas de los locales son todas mujeres. Así que el equipo es bastante variado.
Me siento muy cómoda trabajando con mujeres porque siento que a veces nos entendemos mucho. Inclusive en temas de la maternidad, pero también me llevo muy bien con los hombres, y nosotros tenemos una metodología de trabajo que está lejos de lo que era la cocina en otra época: más rígida. No tenemos ese modo. Entonces, en general, los líderes que tenemos hombres son bastante soft.
¿Y el horno de barro que hay en cada Casa Saénz es una idea tuya?
Sí, eso fue una de las primeras propuestas que le hice a Grupo Jaka, yo venía trabajando con ellos en otros proyectos, les desarrollaba menús para otras de sus marcas. Cuando me llaman en 2021 con la idea de que pongamos algo juntos, yo dije: “voy a poner acá todo lo que sé”, que tenía que ver con haber viajado mucho por el país. Sentía que el horno de barro era una de las cocciones que unían a todo el país, lo encontrás en el Norte, en el NEA, en la Patagonia, en la región central entonces eso nos unía y para mi es el corazón de la casa, estás acá y ves palpitando el fuego del horno, que aporta mucha calidez.
¿Cuáles son las primeras memorias de tu vida de conexión con la comida y la cocina?
Las primeras memorias son en mi casa, y con mi mamá, ahora lo vivo un poco del otro lado, que soy mamá con mis hijas, mi mamá siempre me involucraba en el momento de la cocina, ella siempre cocinó para nosotros, y a mí me fascinaba verla cocinar. Me acuerdo que le miraba las manos, me generaba fascinación ver lo que hacía con las manos, porque ahora que lo pienso, los niños todavía no tienen ese desarrollo en la motricidad de las manos, como que van haciendo más torpemente. Entonces, yo miraba eso y decía: “guau, qué bueno, cómo hace la masa de la pasta frola”. Y mi mamá de a poquito me dejaba participar. Entonces, yo la cocina la tengo muy asociada a la casa, y, de hecho, no es menor que este lugar se llama Casa Saénz por varias razones. Una es que mis papás tenían un negocio familiar que se llamaba Casa Saénz, era una ferretería y sigue existiendo en Monte Grande. Entonces, a mí me gustaba usar el nombre de algo de mi familia para otra cosa, como resignificarlo. Y, por otro lado, porque siempre sostengo que la casa es el lugar donde uno aprende a comer, donde te enseñan a comer y a cocinar, y qué es lo que es rico, qué es lo que no, y qué es lo más sano. Depende de la casa, es justamente en tu casa, en tus orígenes, cuando sos chiquito. Entonces, me parecía muy lindo llevar eso a un restaurante, y siempre tratamos de que la gente se sienta bienvenida y se sienta cómoda como en una casa.
¿Qué valores crees que puede transmitir a la gente, a la construcción de ese sentido de pertenencia?
Hay algo en la cocina que que es maravilloso que habla del cuidado, eso es lo que tratamos de transmitir acá. Del cuidado en varios sentidos, que es el cuidado a los alimentos, el cuidado a las personas, la atención al detalle. Siempre se decía que la cocina es amor, y a mí me me sonaba muy cursi eso. Y ahora cada vez lo pienso más porque la cocina es el cuidado, la atención. Y a qué le prestás atención es a qué le das amor.
En ese sentido, ¿qué es más importante el plato o el comensal?
Creo que lo más importante es el comensal. Y uno trata de hacer platos que sorprendan a ese comensal. La búsqueda es sorprender, pero con cosas que ya conocés. Nosotros nunca queremos hacer cosas demasiado alejadas de lo que la gente quiere y conoce, porque yo lo que quiero es que la gente vuelva y tenga ganas de venir. Entonces, por ahí uno va a un lugar a encontrar sorpresa una vez al año, pero no vas todas las semanas o todos los días.
¿Para quién has cocinado o para quién te gustaría cocinar? ¿Alguna persona que admires?
Una de mis escritoras favoritas es Leila Guerreiro, vino a comer y tengo muchas personas en común con ella y todos saben que yo soy muy fanática, leí todos sus libros. Entonces, un amigo en común me escribe una mañana: “te aviso, va a ir a comer hoy, Leila”. Le pidió que le recomiende un lugar, le recomendó el mio. Cambié toda mi agenda para venir. Bueno, llega y lo primero que me dice es que no come ajo y nosotros tenemos un montón de platos con ajo, y justo el pescado que ella quería comer tenía un ali-oli. Así que fue muy gracioso, le reversionamos el plato, obviamente. También tuve la suerte de cocinarle a Dolli Irigoyen, para mi una eminencia, es lo más de lo más. Vino a comer, yo estaba muy nerviosa y le gustó mucho. Dolli es muy amorosa, y he trabajado mucho con ella y es divina. Me gustaría cocinarle a Fito Paéz, lo amo.
¿Y qué plato prepararías para él?
Creo que le preguntaría qué quiere comer, o por ahí le haría una tortilla de papas. A mí me encanta hacer tortilla de papas. Y me encanta hacer paella.
¿Y cocinás en tu casa?
Tengo días que tengo fiaca pero en general lo disfruto y me gusta mucho los días que le puedo dedicar tiempo a eso sin culpa, un fin de semana o un sábado para mi es el mejor plan decir:”vengan a comer a mi casa” y tener tiempo de cocinar.
En cuanto a formación, ¿te quedó algo pendiente algún curso?
Me encanta estudiar, así que formaciones pendientes me quedan miles. Ahora estoy haciendo un máster de pastelería, que sentía que me faltaba porque la pastelería se desarrolló mucho en los últimos años. Y después, me interesan mucho las formaciones de liderazgo. Y eso se aprende eso. Para mí fue novedoso saber que eso se aprendía porque creía que venías con eso o no venías, y lo tenías que aplicar. Y después de hablar con otras personas me contaron que eso se aprende y que se desarrollan herramientas. Me gusta mucho hacer cursos, como que me parece muy esperanzador eso, poder hacer un curso y cambiar para bien.
¿Qué características tiene que tener un buen cocinero o cocinera?
Por supuesto tener destreza manual, es una habilidad que se desarrolla. Otra muy importante es comer mucho y probar muchas cosas diferentes para percibir sutilezas, que haya comido muchas cosas distintas, y que le dé lugar a esa experimentación. Después, herramientas de liderazgo, me doy cuenta que son muy importantes. Obviamente, conocimiento de seguridad e higiene.
¿Cuál es el plato que más te acordás de tu niñez?
Es la pasta frola, la hacía mi mamá todos los sábados, me acuerdo del olor, de hacer las tiritas. Mi papá hacía mucho asado, en mi casa el asado era un ritual muy importante, y lo hacía todos los domingos religiosamente. Hay una antropóloga que se llama Patricia Aguirre, ella dice que no comemos lo que nos gusta, comemos lo que nos dijeron que nos gusta.
¿Qué es lo que hoy más te gusta de la cocina?
Hay un cocinero israelí, Yotam Ottolenghi, que estudió filosofía en Alemania y después se fue a Londres y abrió un restaurante y hay algo muy interesante en lo que cuenta, que no es solo la comida sino una visión más amplia, siempre digo que lo que a mi me gusta de la cocina es todo lo que la rodea, la cultura alrededor de eso, es muy rico todo eso para contar.